La reciente guerra en Irán ha provocado que países del Golfo Pérsico, como Baréin y Kuwait, comiencen a revocar la ciudadanía de personas consideradas "traidoras". Esta acción, impulsada por el contexto bélico, refleja un uso partidista de la nacionalidad que busca asegurar el control político y social de las monarquías en la región.
Desde el inicio del conflicto en febrero de 2026, tras los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán, se ha acentuado la tensión en Baréin, un estado en el que la familia real es suní y la mayoría de la población, cerca del 50 por ciento, es chií. Jawad Fairooz, exdiputado que perdió su nacionalidad en 2012 por participar en protestas, destaca cómo el gobierno bareiní utiliza la ciudadanía como herramienta de represión. La violencia contra los disidentes ha venido en aumento, con hasta 250 arrestos reportados en marzo, dirigidos a aquellos que mostraron simpatías hacia Irán o publicaron opiniones contrarias al gobierno en redes sociales.
El ambiente se vuelve aún más tenso cuando el gobierno de Baréin anuncia que revisará la nacionalidad de todos aquellos que considere "desleales". Esta práctica no es exclusiva de Baréin; Kuwait también ha intensificado sus esfuerzos por despojar de la nacionalidad a decenas de miles de ciudadanos. Las cifras indican que más de 70,000 kuwaitíes podrían haber perdido su nacionalidad, con proyecciones que sugieren que este número podría ascender a 300,000 si se cuentan a los familiares dependientes.
Los analistas advierten que esta situación podría estar ligada a un intento de cambiar la demografía del país a favor de la familia real sunita y que la instrumentalización de la ciudadanía está interconectada con el temor a la disidencia y la creciente inestabilidad provocada por el conflicto con Irán. Thomas McGee, experto en política del Medio Oriente, señala que los países del Golfo están utilizando la guerra como justificación para endurecer controles sobre la nacionalidad, no como un fenómeno nuevo, sino como una intensificación de políticas preexistentes.
La retórica de la traición se ha convertido en una justificación común para revocar la nacionalidad. Este tipo de políticas no son exclusivas de la región. Recientemente, en Estados Unidos, la administración de Donald Trump instó a su Departamento de Justicia a revocar la nacionalidad a cientos de estadounidenses, insinuando que se podría retirar el pasaporte a quienes se consideren "partidarios del terrorismo". La tensión también se refleja en documentos filtrados en Alemania que proponen la revocación de pasaportes a personas con doble nacionalidad acusadas de extremismo.
Históricamente, el concepto de ciudadanía se ha considerado un derecho humano fundamental, recordando lo establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que se redactó como respuesta a la desnaturalización masiva durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, la percepción de la ciudadanía como un privilegio ha crecido, permitiendo a los gobiernos utilizarla como una herramienta de control. Esta transformación radical en la concepción de la nacionalidad ha facilitado la revocación de ciudadanía por motivos de seguridad, un fenómeno que, según un estudio reciente del Observatorio Mundial de la Ciudadanía, ha ido en aumento desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La guerra en Irán no solo exacerba estas tendencias, sino que también parece erosionar los pequeños avances hacia la reforma política en los países del Golfo. Analistas afirman que el conflicto alteró el delicado equilibrio de cambios controlados que se estaba gestando en la región. Luuk van der Baaren, investigador especializado en derecho de la ciudadanía, señala que los conflictos militares pueden servir como catalizadores para una mayor represión y el uso de la traición como justificación para la revocación de la nacionalidad se ha vuelto cada vez más prevalente.
En resumen, el uso de la ciudadanía como un mecanismo de represión en el contexto de la guerra con Irán subraya las complejidades de la política regional y la interacción entre seguridad y derechos humanos. La ciudadanía, que debería sostenerse como un derecho inherente, es cada vez más vista como una herramienta política que puede ser despojada a conveniencia por los gobiernos, aumentando así la vulnerabilidad de ciertos grupos sociales y minando los principios fundamentales de la dignidad humana.
Discussion questions
- ¿Cómo influye la revocación de la ciudadanía en la percepción de la lealtad y la traición dentro de un país, especialmente en contextos de conflicto?
- ¿De qué manera la ciudadanía ha sido utilizada históricamente como herramienta de control político en diferentes regiones del mundo?
- ¿Qué implicaciones tiene la revocación de nacionalidad sobre la seguridad y los derechos humanos en sociedades democráticas frente a regímenes autoritarios?
- ¿Cómo podría afectar la creciente percepción de la ciudadanía como un privilegio más que un derecho fundamental a la estabilidad social y política en el futuro?
- En qué medida el uso de la retórica de la traición puede polarizar a la sociedad y afectar la cohesión social en naciones como Baréin y Kuwait?