El presidente estadounidense, Donald Trump, ha mencionado la idea de que Estados Unidos podría facilitar una 'toma de control amistosa' en Cuba. Esta afirmación surge en un momento donde las relaciones entre Washington y La Habana están tensas debido a problemas económicos en la isla y presiones diplomáticas. Durante una conferencia de prensa cerca de la Casa Blanca, Trump caracterizó a Cuba como un país que enfrenta 'serios problemas'.
Trump sugirió que esta acción podría ser 'muy beneficiosa' para los cubanos que viven en el exilio en Estados Unidos y que desean regresar a su país natal. Afirmó que ha estado escuchando sobre la necesidad de un cambio en Cuba desde que era niño. Sin embargo, no proporcionó detalles sobre cómo se definiría ni se implementaría esta 'toma de control amistosa'. Además, afirmó que el secretario de Estado, Marco Rubio, está al tanto de la situación y 'lo está gestionando'.
Esta propuesta se produce en un contexto de creciente tensión entre Estados Unidos y Cuba, especialmente tras la imposición de medidas de bloqueo energético de EE.UU. y un incidente marítimo reciente que resultó en varias víctimas en aguas cubanas.
Pero, ¿qué implica realmente una 'toma de control amistosa'? El término no existe en el derecho internacional y no se encuentra en los tratados que rigen las relaciones entre Estados soberanos. La idea sugiere más bien un cambio de gobierno o una influencia política y económica, dando la impresión de que las autoridades locales podrían aceptar estos cambios de manera voluntaria.
Para ilustrar este concepto, se puede observar lo sucedido en Venezuela. En enero de 2026, Estados Unidos intensificó su presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, lo que culminó en su detención y el control del sector petrolero venezolano. Esto se realizó a través de sanciones que debilitaron la economía de Caracas. Este caso muestra cómo EE.UU. ha utilizado sanciones económicas y bloqueos para transformar dinámicas de poder en la región.
En el contexto de una 'toma amistosa', la idea sería que un país afectado por problemas internos y presiones externas acepta cambios políticos gracias al apoyo o incentivos de un aliado más fuerte. Este enfoque plantea interrogantes sobre la legalidad y la ética de las intervenciones en países soberanos.