En los últimos años, las políticas de mano dura contra la criminalidad han ganado terreno en Perú. En 2025, el gobierno cambió la forma en que los medios representaban las cárceles, enfocándose más en el control y las restricciones impuestas a las personas encarceladas, en lugar de en proyectos de reinserción social. Sin embargo, a pesar de esta representación negativa, han surgido iniciativas que ofrecen espacios de expresión para quienes están en prisión.
Un ejemplo es un taller de creación artística llamado “Narrativas de vida a través del collage” que se llevó a cabo en una prisión femenina en Lima entre 2024 y 2025. Este taller se convirtió en un espacio donde un grupo de mujeres encarceladas pudo reflexionar sobre sus experiencias y crear colectivamente. La actividad de hacer collages les permitió representar sus sentimientos y vivencias de manera más profunda que con palabras.
Las mujeres que participaban en el taller, como P y C, comenzaron a asistir cada viernes, y a pesar de la separación física que el penal impuso debido a la evaluación de seguridad, el taller seguía siendo uno de los pocos momentos en los que podían verse. Compartían sus temores y experiencias, hablando sobre cómo las miradas del personal y de otras internas pensaban que les controlaban y limitaban su felicidad. P y C, quienes son pareja, anhelan un futuro juntas una vez que logren recuperar su libertad.
Otra participante, T, se unió al taller poco después de ser encarcelada. Al inicio, sus collages estaban llenos de imágenes de animales salvajes, reflejando su sensación de estar atrapada. Sin embargo, L, una facilitadora del taller, la guió en el proceso de adaptarse a la vida en prisión y la ayudó a transformar su dolor en arte. Juntas, comenzaron a compartir recuerdos y emociones, tratando de hacer un espacio para hablar sobre lo que normalmente no podía expresarse en el día a día del penal.
El taller se convirtió en un espacio para explorar cómo el encierro afecta no solo a las internas, sino también a sus familias y seres queridos. Muchas de las mujeres en el taller lidiaban con la carga emocional de ser madres, hijas o compañeras y el dolor que causaba la separación. Al crear sus collages, se dieron cuenta de que podían abordar temas difíciles que las pesaban. Una participante comentó que a pesar de las circunstancias, el arte les ayudaba a expresar lo que no podían decir con palabras.
Las actividades del taller rompieron el aislamiento que muchas sentían, ya que al volver a conectar con sus propias historias, empezaron a superar el encasillamiento que la prisión a veces impone. Las piezas artísticas que crearon reflejaron su lucha por mantener su identidad y sus vínculos con el mundo exterior. A través de sus collages, las mujeres se enfrentaron a la realidad del control que se ejerce sobre ellas y encontraron formas de resistir a este ambiente opresivo.
Aunque el contexto de prisión suele estar marcado por la desesperanza y el sufrimiento, el taller demostró que aún existen espacios donde la creatividad y la expresión son posibles. Al unirse y colaborar, estas mujeres han creado un refugio de resistencia, un testimonio de que la vida y la humanidad persisten incluso en circunstancias difíciles. El arte, para ellas, se convierte en un medio para conectar con su pasado, explorar su presente y soñar con un futuro más brillante.