Recientemente, el Ejército sueco actuó rápidamente para neutralizar un dron que se encontraba cerca del portaaviones francés Charles de Gaulle durante su escala en Malmö. Este incidente ha suscitado la preocupación del ministro de Defensa sueco, Pål Jonson, quien sugirió que el dron podría ser de origen ruso. Durante la operación, Jonson informó que un buque militar ruso estaba presente en las cercanías en el momento del suceso, y que este continuó su trayecto hacia el mar Báltico tras el incidente.
El episodio se desarrolló en el estrecho de Øresund, a aproximadamente 13 kilómetros del portaaviones. Aunque los sistemas de radar del Charles de Gaulle no detectaron el dron, un barco de la marina sueca sí lo hizo durante una patrulla. Los militares suecos activaron un sistema de interferencia electrónica, que interrumpió la navegación del dron y eliminó el enlace con su operando, haciendo que el contacto se perdiera. Aún no se sabe si el dron regresó al barco del que provenía o si se estrelló en el mar.
Este incidente llevó al Estado Mayor de las fuerzas armadas francesas a intentar tranquilizar sobre la efectividad de la colaboración militar con Suecia, un nuevo miembro de la OTAN. París confirmó que los sistemas suecos de detección y alerta funcionaron correctamente, lo que pone de manifiesto la creciente interoperabilidad entre ambos países en el ámbito de la defensa. La Marina francesa también afirmó que el suceso no afectó las operaciones diarias del portaaviones ni la seguridad de su tripulación.
El incidente se inscribe en un contexto más amplio de tensiones en Europa, que ha visto un aumento en las incursiones aéreas en sus áreas más estratégicas a raíz de la invasión de Ucrania por parte de Moscú, hace ya cuatro años. Los sobrevuelos de drones no son casos aislados, sino que forman parte de un patrón más amplio de acoso. Francia también ha sido víctima de estas intrusiones; en diciembre pasado, su ejército tuvo que activar sistemas de interferencia electrónica para detener un dron sospechoso que sobrevoló la base de Île Longue, un importante sitio donde se encuentran submarinos nucleares franceses.
La tensión actual va más allá del interés técnico. Para Moscú, la intención es probar la capacidad de reacción de las defensas de la OTAN, identificar fallos y, lo que es más crítico, ejercer presión psicológica constante sobre las capitales europeas. Al actuar en esta “zona gris”, que se sitúa entre la paz y la confrontación abierta, Rusia parece buscar debilitar la resistencia y la cohesión de los aliados de Ucrania, sin cruzar el límite que podría llevar a una respuesta militar directa.