El reciente bloqueo en el estrecho de Ormuz ha atrapado a más de 3.000 barcos, incluidos petroleros y cargueros, que están varados a ambos lados del estrecho. Esto ha creado una situación que podría beneficiar a Rusia. La escalada de tensiones entre Estados Unidos e Israel, que atacaron a Irán, ha tenido un impacto directo en el tráfico en esta vía marítima crucial.
El miércoles, los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán anunciaron el control total del estrecho y advirtieron sobre posibles ataques a cualquier barco que intente cruzarlo. En respuesta, el presidente estadounidense Donald Trump aseguró que la Marina de Estados Unidos acompañará a los petroleros a través del estrecho, lo que podría provocar un enfrentamiento entre las fuerzas estadounidenses e iraníes en una de las zonas más estratégicas del mundo.
En medio de este conflicto, Rusia observa los acontecimientos con interés. Andrei Covatariu, investigador del Global Energy Center del Atlantic Council, explica que la necesidad de China de importar petróleo se centra cada vez más en Rusia, dado que Irán y Venezuela no pueden satisfacer esta demanda. Además, esta crisis podría revivir la dependencia de Europa del gas ruso cuando Bruselas ha estado trabajando para reducirla. Covatariu sugiere que algunos miembros de la UE podrían pedir excepciones a las restricciones sobre las importaciones de gas ruso debido a la necesidad de energía.
El Kremlin tiene también un plan estratégico. En lugar de maximizar sus ganancias en el actual escenario, Rusia podría mantener descuentos en su petróleo para aumentar su poder de influencia sobre Pekín. Esto podría permitir a Moscú convertir una crisis derivada de circunstancias no atribuibles a ella en una ventaja geopolítica.
El estrecho de Ormuz es el principal punto de paso para el petróleo y el gas del mundo, transportando aproximadamente el 20% del petróleo y el 30% del gas natural licuado a nivel global. Generalmente, transitan por este estrecho unos 20 millones de barriles de petróleo al día. Actualmente, cientos de petroleros están detenidos, lo que representa un claro indicador de la incertidumbre en la región. Esta situación ya está afectando a los importadores asiáticos, como Qatargas, que informó sobre la declaración de fuerza mayor, un mecanismo que les permite no cumplir con ciertos contratos debido a circunstancias excepcionales.
El cierre del estrecho de Ormuz plantea problemas serios legales, ya que contradice el derecho internacional, que garantiza la libre navegación en rutas marítimas estratégicas. Sin embargo, los analistas advierten que lo que realmente importa es la capacidad de Irán para interrumpir el tráfico. Cuanto más tiempo mantenga esa capacidad de amenaza, más altos serán los costos del transporte marítimo y del seguro.
En el corto plazo, las reservas mundiales son relativamente suficientes, pero si el bloqueo se prolonga más allá de unas pocas semanas, las consecuencias serían severas, incluidos aumentos de precios y reducción del consumo. Un analista señala que, si la intensidad de los ataques aumenta y el bloqueo se extiende, podríamos estar ante un gran incremento de los precios y un impacto significativo en la demanda. Por lo tanto, la duración del conflicto será clave para determinar su impacto global.