La vida con VIH puede ser complicada, especialmente cuando se trata de relaciones. ¿Por qué debería importar mi estado serológico a otra persona? Es una pregunta que me hago a menudo. Cuando le conté a Silas, la primera vez que salimos, que soy seropositivo, no supe cómo reaccionaría. Afortunadamente, su respuesta fue más comprensiva de lo que esperaba. Sin embargo, me quedé con la duda de si realmente entendía lo que significaba. Esta situación se repitió con David, un chico que conocí a través de Twitter. A pesar de su inteligencia y su formación en medicina, comprendí que tener conocimientos sobre VIH no siempre asegura empatía.
Con el tiempo, mi estado de seropositivo se convirtió en un obstáculo en mi búsqueda de amor. No porque David no estuviera interesado, sino porque la falta de respuesta a un mensaje en el que compartía mis miedos me hizo cuestionar cuánto valía mostrar mi vulnerabilidad. Entonces, cuando decidí mudarme con Nolan, pensé que compartir mi estado podría ser un problema. Sin embargo, no podía suponer que esa sería la razón de su falta de respuesta. Esta situación me hizo reflexionar sobre los estigmas que internalizamos acerca del VIH.
El estigma es un enemigo poderoso. Mucha gente siente miedo de compartir su diagnóstico por el juicio que podrían recibir. Mis amigos y yo solemos hablar sobre esto. Mientras que para algunos, como mi amigo Tk, es necesario mantener la privacidad, otros como Olisa han compartido sus experiencias para ayudar a otros. El miedo a ser expuestos y humillados es real y puede ser paralizante. Sin embargo, compartir puede ser liberador.
Con el tiempo me he dado cuenta de que mi historia con el VIH no solo me define. Lo que he vivido, incluido el dolor y el sufrimiento, también ha influido en mis percepciones sobre el amor y el deseo. Crecí en un entorno donde la sexualidad estaba llena de tabúes y dolor, lo que moldeó mi forma de interactuar en el mundo.
La vida como hombre queer en Nigeria es complicada, llena de retos que van más allá de solo ser seropositivo. Es probable que mantenga relaciones informales en lugar de buscar un amor duradero. Aun así, quiero creer que el VIH puede formar parte de una narrativa más amplia, una que me lleve hacia nuevas conexiones y oportunidades. Puedo cuidarme emocionalmente y también en términos de salud. Si las lágrimas vienen, aceptaré llorar porque sé que es parte de sanar y cuidarme.
La búsqueda de una relación significativa es una travesía compleja. Mientras tanto, reconozco que mi estado serológico seguirá determinando mis decisiones, pero elijo enfocarme en lo positivo. Al final, mi historia con el VIH no es solo una lucha, sino también una oportunidad de crecimiento y conexión.