Los tatuajes han ganado una popularidad sin precedentes, con un significativo porcentaje de personas en Europa occidental adornando su piel con arte corporal, pero la ciencia aún debe explorar exhaustivamente sus efectos a largo plazo sobre la salud. Estudios recientes han comenzado a suscitar inquietudes acerca de la posible relación entre las tintas de tatuaje y ciertos tipos de cáncer.
La práctica del tatuaje tiene una larga historia, que se remonta a miles de años, pero hasta ahora, los efectos de la tinta en nuestro organismo no han sido del todo claros. Un estudio llevado a cabo en 2025 por la Universidad del Sur de Dinamarca alertó sobre un aumento en el riesgo de desarrollar cáncer de piel y linfoma entre las personas tatuadas. Este estudio, que analizó una cohorte de gemelos, reveló que aquellos que portaban tatuajes presentaban un riesgo de cáncer de piel casi cuatro veces mayor que quienes no lo tenían.
La investigación también enfatizó la importancia del tamaño del tatuaje, sugiriendo que las piezas que superan el tamaño de la palma de la mano podrían incrementar dicho riesgo. Según Signe Bedsted Clemmensen, coautora del estudio, “tenemos indicios de que existe una asociación entre la cantidad de tinta y el riesgo de linfoma y cáncer de piel”, lo cual subraya la necesidad de investigar más a fondo en este campo. Sin embargo, es pertinente mencionar que estas conclusiones son preliminares y están condicionadas por una variedad de factores.
A la hora de abordar el riesgo de cáncer asociado con los tatuajes, es necesario considerar múltiples variables, incluidas las diferentes clases de tinta, las localizaciones de los tatuajes y otros aspectos genéticos o ambientales. Clemmensen señala que se requiere un mayor volumen de investigación que contemple cohortes más amplias y períodos de seguimiento extendidos para comprender las implicaciones biológicas de tatuarse.
En términos generales, no se poseen evidencias definitivas que afirmen que los tatuajes causen cáncer. Sin embargo, hay otros riesgos que es importante considerar. La calidad del material utilizado para realizar el tatuaje es crucial; es esencial que la tinta y los instrumentos sean debidamente esterilizados para evitar infecciones y otros efectos adversos. Las tintas para tatuajes están compuestas por pigmentos que aportan color y un líquido portador, pero muchas se importan de diferentes partes del mundo, lo que hace difícil regular sus ingredientes.
Se ha informado que algunas de estas tintas contienen metales pesados como níquel, cromo, cobalto y, en ocasiones, plomo, que pueden ser tóxicos y provocar reacciones alérgicas o sensibilización del sistema inmunitario. En respuesta a estas preocupaciones, en 2022, la Unión Europea implementó restricciones sobre más de 4,000 sustancias potencialmente dañinas en las tintas de tatuaje y el maquillaje permanente, conforme a su reglamento REACH (Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Sustancias Químicas).
Este reglamento prohíbe la inclusión de compuestos clasificados como carcinógenos o mutágenos y exige etiquetar claramente todas las tintas utilizadas para tatuajes. No obstante, la normativa en otros países puede no ser tan estricta. El Reino Unido, por ejemplo, está en proceso de establecer sus propias restricciones similares a las mencionadas anteriormente.
A pesar de los ominosos resultados de algunas investigaciones, muchos expertos sostienen que los tatuajes son seguros si se llevan a cabo en condiciones higiénicas adecuadas. La decisión de hacerse un tatuaje finalmente recae en la persona, como lo expresó Clemmensen al decir: “Es decisión de cada uno cómo quiere vivir su vida, pero como investigadora, es mi deber informar a la gente sobre los riesgos asociados”. En resumen, aunque los tatuajes son una forma de expresión personal, es imperativo que los interesados se informen sobre las implicaciones potenciales para la salud y eligiendo siempre a profesionales calificados para llevar a cabo el procedimiento.