En el contexto actual de la defensa marítima, Portugal se posiciona como un pionero en Europa con su nuevo portaaviones no tripulado, el NRP D. João II. Este buque, diseñado para lanzar y recuperar drones aéreos y marítimos, tiene la capacidad de albergar hasta 200 personas. Este avance tecnológico tiene como objetivo reforzar la vigilancia y la investigación científica en numerosas misiones de larga duración, permitiendo a Portugal un mejor control de su vasta zona marina.
La evolución de la seguridad marítima ha estado marcada por la creciente sofisticación de los sistemas de drones, que han transicionado de ser herramientas de reconocimiento a convertirse en elementos potencialmente letales. Este cambio ha permitido a naciones con presupuestos limitados, como las pequeñas y medianas, expandir su alcance operativo. Según el experto en defensa Michael Peck, operar un portaaviones tradicional puede costar hasta 13.000 millones de dólares. La introducción de buques como el NRP D. João II permite una respuesta más eficiente y menos costosa ante las amenazas marítimas.
El concepto del portaaviones no tripulado ha sido considerado revolucionario. Michael Peck señala que la capacidad de un aeródromo móvil que pueda operar en cualquier zona de conflicto representa un avance significativo en la capacidad de respuesta militar. Aunque el primer boceto de un portaaviones teledirigido data de 2007, han sido países como China, Irán y Turquía los que han comenzado a desarrollar sus propios modelos. Aún así, es Portugal quien lidera en la Unión Europea en este ámbito, aprovechando su experiencia en tecnología de drones.
El NRP D. João II, nombrado así en honor al rey del siglo XV que impulsó la exploración marítima portuguesa, ha sido diseñado como una Plataforma Naval Multifuncional (PNM). Con un presupuesto de 132 millones de euros, financiados en su mayoría por fondos europeos, el buque está siendo construido en Rumanía y se espera que esté operativo pronto. En la firma del contrato, el exjefe de la Marina, Henrique Gouveia e Melo, lo describió como un proyecto que marca un “punto de no retorno hacia la modernidad” en la estrategia naval del país.
A pesar de su innovación, la Marina portuguesa no ha podido obtener la patente del diseño del NRP, lo que ha suscitado interés en otras marinas europeas. Según Gouveia e Melo, este buque representa una respuesta a la nueva forma de operar en un entorno militar complejo, que requiere adaptabilidad y tecnología avanzada.
Tecnológicamente, el NRP D. João II podrá operar sistemas no tripulados, tanto en superficie como bajo el agua. Con 107,6 metros de longitud y una velocidad máxima de 15,5 nudos, el buque tendrá una guarnición de 48 personas y 42 plazas para investigadores y operadores de drones. Su diseño modular permite una rápida adaptación, lo que significa que en solo una semana, el buque puede cambiar su configuración y misiones de manera efectiva.
La cubierta del buque es de aproximadamente 94 metros, lo que le permitirá manejar drones aéreos y una variedad de vehículos no tripulados. Además, incluye un hangar para el mantenimiento de los drones y facilidades para transporte terrestre y de emergencia. Este armamento será clave no solo para la defensa, sino también para realizar misiones científicas y operaciones de rescate.
En su capacidad científica, el NRP D. João II podrá operar durante periodos extendidos sin soporte logístico cercano, lo que es crucial para las investigaciones en alta mar. Su diseño también incluye instalaciones para colaboración con universidades, fomentando la innovación entre el sector militar y el académico.
Más allá de su función científica, el buque jugará un papel fundamental en misiones de búsqueda y rescate y en la vigilancia de la soberanía nacional ante amenazas marítimas. Con un área de 4 millones de kilómetros cuadrados bajo su jurisdicción, Portugal tiene la responsabilidad de proteger su espacio marítimo, un reto que el NRP D. João II está diseñado para abordar de manera efectiva.
Además, el NRP D. João II ha sido concebido con una arquitectura abierta que facilitará la integración de nuevas tecnologías, incluidas aplicaciones de inteligencia artificial, para mejorar la toma de decisiones y la gestión de datos. Con la necesidad de enfrentar un entorno cada vez más complejo y desafiante, Portugal está firmemente comprometido en liderar la experimentación y el desarrollo en el campo de los sistemas no tripulados.