En un escenario económico cada vez más complejo, Moody's Analytics ha emitido una grave advertencia: la probabilidad de que Estados Unidos entre en recesión en el transcurso de los próximos 12 meses ha alcanzado el 49%, la cifra más elevada en años. Este pronóstico se produce en el contexto de la guerra en Irán, que podría exacerbar aún más la situación si los precios del petróleo continúan en ascenso.
Mark Zandi, economista jefe de Moody's Analytics, argumenta que la reciente escalada de los precios del petróleo, motivada por el conflicto en Irán, tiene un impacto significativo en la economía estadounidense. Según Zandi, el aumento en el costo de la energía ha tenido históricamente un papel crucial en las recesiones de EE.UU., con la excepción puntual de la recesión provocada por la pandemia de COVID-19. Aunque actualmente Estados Unidos se encuentra en una situación donde produce casi tanto petróleo como consume, el aumento en los precios sigue teniendo un efecto adverso en los consumidores, que reducen su gasto mucho más rápido de lo que los productores pueden reaccionar aumentando la inversión y producción.
La preocupación por la posibilidad de una recesión se ve reforzada por señales de debilidad en el mercado laboral. Zandi indicó que el empleo ha mostrado estancamiento en el último año, y los datos del Departamento de Trabajo han sido sujetos a correcciones a la baja en una proporción inusualmente alta. Esto sugiere que el estado del labor es aún más frágil de lo que reflejan las cifras oficiales.
A medida que avanzan los meses, la guerra en Irán sigue sin un desenlace claro. El estrecho de Ormuz, a través del cual transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, permanece bloqueado, lo que contribuye a una inestabilidad en el mercado energético global. Actualmente, el precio del crudo estadounidense ronda los 94 dólares por barril, y expertos como Zandi estiman que si los precios se mantienen en estos niveles, las perspectivas económicas se tornan aún más precarias.
El debilitamiento del mercado laboral, combinado con los costos energéticos en aumento, resulta en un ecosistema económico vulnerable. Zandi advierte que, si el empleo se mantiene, podría haber un respiro, pero la compresión de costos derivada de los precios del petróleo está propiciando un ciclo de desaceleración que podría llevar a las empresas a reducir sus actividades y despedir trabajadores.
En el contexto global, una recesión en EE.UU. tendría consecuencias significativas para la economía de la Unión Europea, que se vería afectada por una disminución en la demanda de exportaciones y un endurecimiento de las condiciones financieras. En un análisis reciente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) subrayó que los aumentos en los precios del petróleo impactan en la inflación global y en la producción económica. Por cada aumento del 10% en el precio del petróleo, la inflación mundial podría incrementarse en un 0,4%, lo que acentuaría aún más el desafío económico en otros mercados.
Según un informe de Oxford Economics, el umbral de 140 dólares por barril sería suficiente para provocar una recesión leve en la economía global, afectando a regiones como el Reino Unido, la Eurozona y Japón. De ahí que la situación actual requiera una atención especializada y respuestas efectivas tanto a nivel político como económico para mitigar los inminentes riesgos.
A medida que la economía global se enfrenta a estas tensiones, los economistas deben ser cautelosos en sus proyecciones, ya que el contexto reciente ha visto múltiples falsas alarmas respecto a recesiones. No obstante, la combinación de un mercado laboral debilitado y la presión sobre los precios de la energía presenta un escenario que debe ser vigilado con atención para evitar una crisis de mayor magnitud.