Recientemente, dos asesinatos en Tenerife y Algeciras han resaltado la alarma sobre el matricidio en España, un fenómeno de violencia extrema que ocurre en el contexto familiar, muchas veces sin ser visible para la sociedad. En una corta semana, se registraron dos asesinatos bajo circunstancias similares: un hijo presuntamente matando a su madre. Estos incidentes, aunque aislados, forman parte de una problemática más amplia que necesita ser abordada.
En Tenerife, la Policía detuvo a un hombre acusado de asesinar a su madre de más de 80 años dentro de su vivienda; en Algeciras, otra mujer de 75 años fue hallada muerta en su hogar, también a manos de su hijo. Estos casos no son aislados; el año pasado, se registraron al menos diez muertes de mujeres en situaciones comparables en diferentes localidades de España. La mayoría de estos crímenes no encajan en las categorías de violencia de género que se contabilizan oficialmente, lo que contribuye a la invisibilidad del problema.
La psicóloga forense Ruth Pérez Enríquez apunta que “cada caso es único”, y comento que sería deseable contar con un perfil de riesgo para prevenir estas tragedias, pero actualmente no existe un sistema de identificación claro. A pesar de que el matricidio es un fenómeno inusual, su impacto es devastador y suscita un gran temor social debido a su naturaleza. No es simplemente un acto de violencia; simboliza la ruptura de un vínculo primordial entre madre e hijo, que debería ser uno de amor y apoyo.
En los últimos años, se han documentado matricidios en localidades como Barakaldo, Soria y Las Palmas, donde las víctimas suelen ser madres mayores que se encargan de sus hijos adultos, quienes a menudo enfrentan problemas de salud mental o dependencia económica. Expertos sugieren que la falta de supervisión externa en estos hogares, unida a la carga emocional acumulada a lo largo de los años, crea un entorno propicio para tensiones explosivas.
Además, se destaca una carencia sistemática en la atención de salud mental y el seguimiento adecuado, lo que se traduce en un riesgo elevado de violencia intrafamiliar. “El sistema sanitario y judicial está saturado, y no hay suficientes profesionales capacitados para detectar y atender estas situaciones antes de que escalen”, agrega Pérez Enríquez.
En relación a la violencia que precede al homicidio, el informe de la Fundación Amigo indica que durante 2023 se registraron más de 4.400 denuncias por agresiones de hijos hacia sus padres. Sin embargo, muchos casos quedan sin denuncia, ya que las madres, a menudo, prefieren no informar sobre la violencia por miedo o vergüenza. Esta violencia puede manifestarse en insultos, amenazas y control, dejando a las víctimas en una vulnerabilidad extrema.
Desde una perspectiva forense, los matricidios a menudo involucran a agresores con trastornos mentales graves como la esquizofrenia, que alteran su percepción de la realidad y les impiden comprender plenamente sus acciones. “No se puede generalizar que estos individuos tienen antecedentes de abuso por parte de la madre”, aclara la experta, destacando que muchas de las víctimas se ven envueltas en conflictos cotidianos relacionados con cuestiones de convivencia como el manejo de las finanzas o la administración de la medicación.
La realidad es que los matricidios son eventos raros, pero cada vez que ocurren, reflejan fallos en múltiples esferas del sistema. La enseñanza aquí es que no solo es necesario abordar estos crímenes desde una óptica judicial, sino que se requiere un enfoque proactivo que incluya una mayor inversión en recursos de salud mental, mejor entrenamiento para los profesionales y un sistema de apoyo más fuerte para las familias en riesgo.
Para finalizar, es fundamental que la sociedad reconozca la gravedad del problema del matricidio y trabaje colectivamente en la elaboración de un marco de apoyo que permita prevenir estos eventos atroces en el futuro. La violencia intrafamiliar es un tema que no debe ser dejado de lado y requiere atención inmediata y acciones concretas.