De acuerdo con informaciones recientes, Marruecos utilizó el software de espionaje Pegasus para interceptar el teléfono móvil del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante un periodo de catorce meses, desde octubre de 2020 hasta noviembre de 2021. Este hecho ocurrió en medio de una crisis migratoria y se enmarca en un contexto de tensiones diplomáticas entre España y Marruecos.
Según el periodista Ignacio Cembrero, del diario El Confidencial, el hackeo se llevó a cabo como una respuesta de Rabat tras la atención médica brindada al líder del Polisario, Brahim Ghali. Durante esta visita, Sánchez y su equipo fueron al Centro Operativo de Seguridad en El Tarajal y posteriormente sobrevolaron la zona cerca de Melilla.
El espionaje no fue un acto aislado, ya que la inteligencia marroquí había utilizado previamente el mismo método, conocido como zero-click, para infectar los móviles de dos periodistas críticos: Imar Radi y Maati Monjib. La similitud en los rastros dejados por Pegasus en estos dispositivos refuerza la sospecha sobre la responsabilidad de Marruecos en el ataque contra el mandatario español.
A pesar de que este escándalo de espionaje salió a la luz hace más de cinco años, muchos detalles del caso remain inexplorados por la falta de colaboración de Israel, que desarrolla el software Pegasus. Esto hizo que la investigación judicial avanzara lentamente y que las autoridades españolas enfrentaran grandes dificultades para rastrear el tipo de ataques.
Los servicios de inteligencia españoles están convencidos de que Marruecos fue el responsable de espiar no solo a Pedro Sánchez, sino también a otros miembros clave del Gobierno español, incluyendo al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y a la ministra de Defensa, Margarita Robles. La magnitud del espionaje llevó a la destitución de la directora del CNI, Paz Esteban.
A pesar de la gravedad de las acusaciones y la magnitud del espionaje, el caso se mantuvo en silencio durante un año, lo que generó críticas sobre la transparencia del Gobierno español. Al hacerse público, sin embargo, la reacción fue mixta, ya que no todos los sectores políticos han mostrado un interés igual por esclarecer lo sucedido.
El uso de tecnologías de vigilancia como Pegasus plantea serias preocupaciones sobre los derechos humanos y la privacidad. En el caso de España, la investigación se ha encontrado con limitaciones técnicas que han dificultado poder determinar qué información específica fue robada. Esto se debe a que Pegasus es notoriamente difícil de rastrear, dejando pocos rastros y lo que complica aún más la tarea de las autoridades.
La controversia en torno al software de espionaje no solo afecta a España, sino que ha suscitado un debate más amplio sobre el uso de herramientas de vigilancia en el contexto de la seguridad nacional. A nivel internacional, se han formulado llamados para regular el uso de tecnologías de espionaje y garantizar que no se violen los derechos de los ciudadanos.
En conclusión, el espionaje a Pedro Sánchez por parte del Gobierno de Marruecos ilustra la complejidad y las tensiones en las relaciones bilaterales entre ambos países. La situación actual exige una reflexión sobre cómo se manejan estas tecnologías y la necesidad de proteger la privacidad y los derechos fundamentales en la era digital.