María Kalesnikava es una figura importante en la política bielorrusa. Ella fue la segunda al mando de Svetlana Tijanávskaya durante las protestas de 2020. Kalesnikava se unió a la política poco antes de las elecciones presidenciales de ese año, apoyando a Viktor Babariko, quien era un fuerte opositor al presidente Lukashenko. Cuando Babariko fue arrestado, Kalesnikava asumió un papel más visible. A pesar de que las elecciones se realizaron en agosto y Lukashenko fue declarado ganador, hubo grandes protestas que fueron reprimidas.
Después de un intento de deportarla a Ucrania, Kalesnikava rompió su pasaporte y fue arrestada. Fue sentenciada a 11 años de prisión, donde sufrió condiciones difíciles. A pesar de su dureza, su liberación en diciembre de 2025, junto a otros prisioneros políticos, fue motivo de celebración, aunque también provocó controversias.
Kalesnikava, tras su liberación, expresó que era necesario dialogar con Lukashenko. En una entrevista, dijo que un diálogo podría liberar a personas detenidas, lo que sería positivo. Sin embargo, muchas figuras de la oposición bielorrusa, sobre todo en el exilio, no comparten esta opinión. Ellos creen que hablar con Lukashenko no es beneficioso, ya que él ha mostrado comportamientos violentos y represivos.
En sus declaraciones, Kalesnikava afirmó que a medida que Bielorrusia se aísla de Europa, se ve forzada a acercarse a Rusia, lo que podría hacer la situación más insegura para Europa. Ella sugiere que la Unión Europea debería negociar con Lukashenko para obtener mejoras humanitarias y liberar prisioneros. Su postura ha sido criticada porque va en contra de la mentalidad de muchos opositores que han luchado por un sistema democrático.
La primera ministra lituana, Inga Ruginienė, respondió a Kalesnikava diciendo que, aunque quieren ofrecer alternativas democráticas al pueblo bielorruso, actualmente no ven oportunidades para facilitar el viaje entre Lituania y Bielorrusia ni restablecer servicios de trenes o autobuses.
Otros opositores en el exilio también han expresado su desacuerdo con Kalesnikava. Están preocupados de que su enfoque podría dejar fuera a las fuerzas democráticas del diálogo con las autoridades de Bielorrusia, y piensan que tratar de dialogar con Lukashenko ha fracasado en el pasado.
Los opositores creen que la represión política en Bielorrusia ha empeorado desde 2020. Muchos prisioneros siguen apunto de cumplir largas sentencias por ejercer sus derechos. Las condiciones en las prisiones son duras y, según organizaciones de derechos humanos, equivalen a tortura.
En resumen, aunque Kalesnikava propone un diálogo con Lukashenko como una forma de mejorar la situación en Bielorrusia, muchos en la oposición consideran que esto no es la solución correcta. Para ellos, es crucial mantener presión sobre el régimen y no ceder ante las tácticas de Lukashenko, que han llevado a más represión y violencia.