Un informe reciente del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), publicado en la revista The Lancet, revela que los recortes en la ayuda oficial al desarrollo (AOD) pondrán en riesgo la vida de 22,6 millones de personas para el año 2030. Esta cifra incluye a 5,4 millones de niños menores de cinco años. Esta situación es especialmente grave en 93 países de ingresos bajos y medios, donde la caída de la financiación está afectando gravemente a los avances en la lucha contra enfermedades como la malaria y el sida.
En años recientes, los principales donantes a nivel mundial, como Estados Unidos, han comenzado a recortar sus contribuciones a la AOD. En 2023, la inversión total en AOD alcanzó un récord de 250.300 millones de dólares, pero la tendencia de reducción se ha manifestado por primera vez en tres décadas. El Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria ha visto disminuir sus recursos, pasando de 15.700 millones de dólares en 2022 a 11.340 millones en 2025.
El estudio de ISGlobal calculó dos escenarios futuros basados en los recortes actuales. En un escenario de reducción moderada del 10,6%, se anticiparon 9,4 millones de muertes evitables; mientras que en un escenario de desfinanciación grave, más de 22,6 millones de vidas podrían perderse. La investigación enfatiza que estos datos no deben tomarse como predicciones exactas, sino como una comparación entre diferentes trayectorias de financiación.
Aparte de los impactos inmediatos en la salud, los recortes presupuestarios también limitan el número de médicos disponibles en los países afectados y obstaculizan la colaboración e intercambio de información entre naciones. Los beneficios de la AOD a menudo son menos visibles, pero incluyen aspectos esenciales como la vigilancia epidemiológica y la preparación ante posibles emergencias sanitarias y climáticas.
Eric Pelofsky, vicepresidente de recuperación económica global de la Fundación Rockefeller, comentó que la razón por la cual se invierte en ayuda internacional es porque “salva vidas a gran escala por cada dólar invertido”. Además, subrayó que invertir en desarrollo genera estabilidad global y prosperidad, beneficiando a todos los países. A pesar de esto, la política interna a menudo presenta la ayuda exterior como un dilema entre invertir dentro del país y apoyar causas consideradas ajenas a los intereses nacionales.
El informe concluye que al menos tres de cada cuatro personas del mundo viven en naciones donde se podrían ver revertidos dos décadas de avances en desarrollo, y donde se podrían perder vidas que serían evitables. Davide Rasella, coordinador del estudio, expresó su deseo de que esta situación no se convierta en la nueva normalidad y llamó a abordar las tendencias actuales de recorte de financiación.
En resumen, si no se restauran los niveles de ayuda internacional, la situación de salud y bienestar en muchos países podría deteriorarse significativamente en los próximos años. Es crucial que las políticas sobre la AOD se reevalúen y que se invoque una mayor colaboración internacional para salvaguardar las vidas de millones de personas en riesgo.