Las relaciones entre la Unión Europea (UE) y China están pasando por un momento complicado. El año pasado, ambos lados intentaron mejorar sus lazos, pero esto no funcionó bien. China impuso restricciones a las exportaciones de tierras raras, lo que dificultó el comercio. Ahora, en 2026, la situación sigue siendo incierta, pero se busca no hacer daño.
Recientemente, muchos líderes europeos han viajado a Pekín para discutir temas comerciales. Entre ellos están Emmanuel Macron de Francia, Micheál Martin de Irlanda y Keir Starmer del Reino Unido. Ellos quieren conseguir más acceso al mercado chino, que es conocido por ser difícil. Mientras tanto, las tensiones entre Estados Unidos y Europa han aumentado. A esto se le suma la postura crítica de Trump hacia los gobiernos europeos que visitan a China.
El presidente chino, Xi Jinping, ha usado estas visitas para criticar a Trump y defender las relaciones multilaterales. Xi mencionó que el orden internacional enfrenta tensiones y que todos los países deben seguir el derecho internacional. Su objetivo es aumentar la influencia de China y dividir las relaciones transatlánticas.
Los líderes europeos son cuidadosos al tratar con China debido a las amenazas de Trump. Quieren mantener buenas relaciones comerciales, pero también necesitan controlar el creciente déficit comercial que tienen con China. En 2025, China cerró el año con un superávit comercial de aproximadamente 1,2 billones de dólares, lo que ha llevado a que Macron critique las prácticas comerciales de China, acusándola de tener exceso de capacidad y distorsionar los precios.
La pandemia de COVID-19 hizo que Europa se diera cuenta de su dependencia de los productos chinos. Después de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la relación se volvió aún más tensa, ya que Europa se preocupó por la estrecha relación de Xi con Putin. El hecho de que China pudiera ayudar a Rusia a eludir sanciones ha generado desconfianza entre Europa y Pekín.
En medio de toda esta tensión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha buscado reducir la vulnerabilidad de Europa al comercio con China. Sin embargo, las restricciones que China impuso a las tierras raras han afectado negativamente a la industria europea, provocando que algunas fábricas deban reducir su producción.
A pesar de las críticas hacia China, los líderes europeos han sido cautelosos. Existe una sensación de que, aunque quieren mejorar las relaciones, no pueden hacerlo demasiado sin enfurecer a Trump. Esto ha llevado a que las visitas oficiales se centren más en el comercio que en temas políticos.
La falta de una política común entre los 27 países de la UE hace que cada uno gestione las relaciones con China de manera individual. Esto crea dificultades para establecer un frente unido y discutir estrategicamente el futuro con China. Mientras tanto, la necesidad de abarcar un comercio seguro se vuelve cada vez más urgente.
A medida que Europa avanza en 2026, el equilibrio entre la seguridad económica y la diplomacia será complicado. Los líderes europeos saben que deben actuar, pero también temen las consecuencias de sus decisiones. La clave será lograr una relación más equilibrada sin provocar a Estados Unidos, mantenido así, la estabilidad futura de Europa.