En los últimos años, el cine en Afganistán ha pasado por grandes cambios, especialmente después de que los talibanes tomaran el poder. Desde agosto de 2021, comenzaron a eliminar las películas y las series de televisión de las emisoras nacionales. Además, cerraron las salas de cine y prohibieron que las mujeres aparecieran en las películas.
Un ejemplo de esto es la Asociación de Cine Afgano, que fue disuelta por el régimen talibán. Esta asociación era importante para la producción y archivado de cine en el país y contenía muchos documentales sobre la historia de Afganistán. Sin embargo, desde que los talibanes llegaron al poder, han impuesto severas restricciones en la esfera cultural y artística. Como primer paso, emitieron una directiva que excluye a las mujeres de los medios de comunicación.
Uno de los cines más antiguos de Kabul, el cine Khairkhana, fue demolido para hacer espacio para un centro comercial y otras construcciones. Otro cine, el cine Aryub, fue destinado a funcionar como un estacionamiento. Muchas de estas decisiones han dejado a los cineastas y amantes del cine preocupados por el futuro de la cultura cinematográfica en Afganistán.
A pesar de las prohibiciones, los talibanes han tratado de proyectar una imagen positiva de sí mismos al organizar festivales de cine, aunque muchos expertos creen que eso es solo para propaganda. En los últimos cuatro años, produjeron varias películas que no muestran a las mujeres y tienen un contenido que favorece la ideología del régimen. Estas películas intentan legitimar su gobierno y a menudo critican al gobierno anterior, creando una narrativa que no refleja la realidad del país.
Por otro lado, los cineastas que se encuentran en el exilio intentan seguir creando películas, pero enfrentan muchos desafíos. Dicen que hacer cine es una forma de resistencia contra el régimen talibán, pero en sus nuevos países, se enfrentan a problemas como la falta de recursos y oportunidades. La vida en el exilio es muy difícil, y muchos de ellos sienten que han perdido su conexión con el cine de Afganistán y las audiencias locales.
Además, aquellos cineastas que aún viven en Afganistán enfrentan condiciones cada vez más difíciles. La actriz Sabera Sadat, por ejemplo, habló sobre cómo, tras perder su trabajo, sus condiciones de vida se volvieron muy complicadas. Ella era la única que mantenía a su familia, lo que afectó su moral y su identidad artística. La situación actual es muy sombría, y muchos están desalentados.
Las reglas impuestas por los talibanes hacen que sea casi imposible realizar actividades cinematográficas. Los cineastas deben enviar sus guiones al régimen y solo pueden exhibir sus películas si cumplen con los requisitos del grupo. Además, las mujeres no pueden participar en ninguna producción cinematográfica.
Por todas estas razones, el cine en Afganistán ha quedado casi completamente cerrado y no hay esperanza de que se reabra en un futuro cercano. La mayoría de los cineastas han huido, y quienes permanecen viven en pobreza y desesperanza.