A medida que la guerra en Irán continúa, los expertos en comercio se preguntan si este conflicto tendrá un impacto mayor en las cadenas de suministro que la pandemia de COVID-19. Actualmente, muchas empresas están reevaluando sus estrategias de operación.
Los efectos de la guerra en Irán sobre el comercio mundial aún no se han sentido completamente. Un ejemplo es el cierre del estrecho de Ormuz, que ha sido comparado con las interrupciones que causó la pandemia. Durante la pandemia, se aprendió que el mundo dependía en gran medida de China para la fabricación de diversos productos. Por su parte, la guerra en Irán ha puesto en evidencia otra vulnerabilidad: la rapidez con la que la falta de materias primas esenciales, como petróleo y gas, puede paralizar el comercio global. La Agencia Internacional de Energía ha indicado que la pérdida de un 10% del suministro mundial de petróleo, y una significativa reducción del gas natural, representa una de las mayores crisis en el mercado energético.
Según Sebastian Janssen, un socio de la firma de consultoría Oliver Wyman en Nueva York, hay similitudes en cómo las empresas perciben el impacto de ambas crisis. La pandemia demostró la excesiva dependencia de un solo centro de fabricación, mientras que la situación actual revela la dependencia de ciertos corredores de transporte y de energía.
Las fábricas cerraron durante la pandemia, lo que provocó una acumulación de barcos en los puertos, y las cadenas de suministro basadas en la entrega 'justo a tiempo' se rompieron. Sin embargo, en esta ocasión, se observa que el comercio no energético ha resistido un poco mejor. Lisa Anderson, presidenta de LMA Consulting Group, ha afirmado que las empresas han cambiado su forma de pensar sobre el riesgo y se han dado cuenta de que ya no pueden confiar solo en que los suministros llegarán a tiempo.
A medida que continúan los problemas en el estrecho de Ormuz, los precios del petróleo y otros insumos han aumentado, lo que ha llevado a los gobiernos a modificar sus previsiones de inflación. En el último mes, las compañías navieras han tenido que cambiar sus rutas, desviándose hacia el cabo de Buena Esperanza, lo que implica viajes mucho más largos y costosos. Esto también ha resultado en aumentos significativos en las primas de seguro para barcos que operan en Medio Oriente, lo que se traduce en precios más altos para productos energéticos y manufacturados.
El efecto completo de esta crisis aún no se ha dejado sentir. Los expertos advierten que pueden pasar meses antes de que se estabilicen las cadenas de suministro. Un estudio de Allianz Trade ha señalado que el riesgo geopolítico es ahora una preocupación principal para muchas empresas, llevándolas a considerar alternativas de producción más cercanas a sus mercados, una práctica conocida como 'reshoring'.
Finalmente, el especialista John Sfakianakis ha destacado que la guerra en Irán no solo es un conflicto regional, sino una prueba de cómo el sistema internacional puede resistir bajo presión.
Discussion Questions
- ¿Cómo crees que la guerra en Irán podría cambiar la forma en que las empresas gestionan sus cadenas de suministro en el futuro?
- ¿Qué lecciones aprendidas durante la pandemia de COVID-19 crees que podrían aplicarse a la situación actual en Irán?
- ¿De qué manera la dependencia de ciertos corredores de transporte y energía impacta la seguridad económica de los países involucrados?
- ¿Cuál podría ser el papel de los gobiernos en la mitigación de los efectos negativos del conflicto en Irán sobre el comercio global?
- ¿Qué estrategias podría implementar una empresa para reducir su dependencia de proveedores en regiones geopolíticamente inestables?