Filip Ondrušek es un chef joven de 29 años con mucha experiencia internacional. Nació en Austria y tiene raíces eslavas. Vive en São Paulo, Brasil, después de haber viajado por más de 30 países. Ha trabajado en prestigiosos restaurantes con estrellas Michelin, donde ha creado platos innovadores combinando la alta cocina con prácticas sostenibles.
A pesar de su experiencia global, Ondrušek nunca olvida sus raíces. En septiembre de 2025, él fue el invitado especial en el Festival de Quesos Tradicionales de Bulgaria. Su forma de cocinar respeta los productos de temporada y utiliza ingredientes biodinámicos para preparar platos que cuentan una historia.
En una entrevista, Ondrušek habló sobre las diferencias entre la cultura austriaca y la eslava en la cocina. Mientras que la cocina austriaca es muy técnica y precisa, la eslava es más emocional y conecta con la familia. Las recetas tradicionales a menudo se crean a partir de lo que hay disponible, y el sabor es tan importante como la técnica.
Ondrušek también comparte su observación de que, a pesar de las diferencias culturales, hay valores universales en la gastronomía. Por ejemplo, el respeto por los ingredientes y la estacionalidad es común en muchas cocinas del mundo. Las recetas, más que simples instrucciones, llevan la cultura y la historia de un pueblo. La comida puede evocar recuerdos y generar un sentido de pertenencia.
Comentando sobre el impacto de la historia en la cocina de Europa Central y Oriental, Ondrušek dice que las recetas a menudo nacieron de la necesidad, moldeadas por los recursos disponibles en tiempos de guerra o abundancia. La herencia culinaria del Imperio Austro-Húngaro se puede ver en platos como los dumplings y las masas.
El socialismo también tuvo efectos en la cocina. De una manera positiva, enseñó a las personas a cocinar con recursos limitados. Sin embargo, también llevó a la homogenización de los sabores y la pérdida de diversidad regional en las recetas. Hoy en día, los chefs intentan preservar lo bueno mientras reviven la creatividad local.
Para Ondrušek, el equilibrio entre tradición y modernidad es crucial. Cree que los sabores de la infancia y los recuerdos de comidas familiares son fundamentales para entender la comida. Las técnicas modernas pueden mejorar los platos tradicionales, pero siempre respetando su esencia. Cada plato debe evocar emoción y familiaridad mientras se presenta de manera contemporánea.
Finalmente, Ondrušek opina que la modernización no se opone a la autenticidad. Al contrario, puede reinterpretar las tradiciones de forma responsable. Proteger la autenticidad implica respetar ingredientes, técnicas y la historia culinaria, asegurándose de que la modernización enriquezca la narrativa culinaria sin borrar lo que la hace especial.