Un reciente estudio internacional publicado en la revista Science, que involucra contribuciones del Instituto de Investigación sobre el Impacto del Clima de Potsdam, advierte que los efectos del cambio climático, como incendios forestales, tormentas y plagas, podrían incrementar los daños en los bosques europeos en un 20% para el año 2100. Esta situación pone en grave riesgo el papel esencial que estos ecosistemas desempeñan como sumideros de carbono en el continente europeo.
La investigación señala que, incluso en un escenario en que el calentamiento global se limite a 2 °C, la superficie forestal dañada podría aumentar de 180,000 a aproximadamente 216,000 hectáreas anuales para finales de este siglo. Esto representa un aumento significativo en comparación con los niveles de perturbación ya alarmantes observados entre 1986 y 2020. En un contexto donde el uso de combustibles fósiles continúa en ascenso, el impacto podría ser aún más devastador, afectando a casi 370,000 hectáreas cada año.
Los bosques de las regiones sur y oeste de Europa serán los más golpeados, enfrentando los cambios más drásticos en cuanto a perturbaciones. A pesar de que el norte de Europa podría experimentar un impacto relativamente menor, se anticipa que también se verán afectados por la aparición de nuevos focos de daño. Durante el pasado año, la Unión Europea registró más de 1,800 incendios forestales, que liberaron alrededor de 38 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Muchos de estos incidentes ocurrieron en áreas donde las anomalías climáticas significaban condiciones inusualmente secas y cálidas.
El verano de 2025 fue especialmente devastador para los bosques en Portugal y España, donde se reportaron incendios nunca antes vistos que causaron más de dos tercios de la destrucción total en la UE. Según la iniciativa World Weather Attribution (WWA), la probabilidad de que estos incendios hubieran ocurrido se incrementó hasta 40 veces debido al cambio climático.
La importancia de los bosques en la lucha contra el cambio climático no puede ser subestimada. Europa alberga uno de los terrenos forestales más extensos del mundo, con aproximadamente el 40% de su superficie terrestre cubierta de bosques. Estos ecosistemas son vitales no solo por su capacidad para absorber CO2, sino también porque son el hábitat de la mayoría de las especies terrestres nativas de animales, plantas y hongos. Además, los bosques juegan un papel crucial en la provisión de agua limpia y en la regulación del riesgo de inundaciones, contribuyendo así a la seguridad alimentaria del continente.
A pesar de su relevancia, el científico Christopher Reyer, coautor del estudio, señala que es probable que los bosques europeos absorban menos carbono en el futuro. Si los bosques captan menos carbono, o incluso llegan a emitir más de lo que absorben, la presión sobre otros sectores, como el transporte y la agricultura, para reducir sus emisiones aumentará notablemente. Por esto, es imperativo que la gestión forestal se enfoque en crear bosques más resilientes ante estos desafíos.
Por otro lado, la Unión Europea lanzó en 2010 la iniciativa de plantar tres mil millones de árboles, que podría equitativamente contribuir a eliminar 15 millones de toneladas de CO2 de la atmósfera para 2050. No obstante, un informe reciente indica que hasta la fecha, se han plantado menos de 38 millones de árboles, lo que representa apenas el 1.26% de la meta prevista. Sin un aumento drástico en el ritmo de reforestación, será difícil alcanzar el objetivo de los tres mil millones para 2030.
Un portavoz de la Comisión Europea ha señalado que dicha iniciativa es un “compromiso voluntario” diseñado para movilizar a organizaciones y particulares a plantar árboles. En un esfuerzo por fomentar la reforestación, se planea lanzar el próximo año un premio para reconocer esfuerzos innovadores en la plantación de árboles, con la esperanza de realizar un avance significativo hacia el objetivo establecido.
La situación de los bosques europeos exige una atención inmediata y una reflexión profunda sobre cómo abordar los retos que el cambio climático presenta. Es esencial que tanto los gobiernos como la sociedad civil tomen medidas proactivas para proteger y restaurar estos ecosistemas vitales, antes que sea demasiado tarde.