En la actualidad, aproximadamente el 60% de todas las transacciones en Europa se realizan a través de infraestructuras de pago estadounidenses, como Visa, Mastercard o PayPal. Esta situación no es sostenible para la Unión Europea (UE), que busca reducir dicha dependencia mediante el desarrollo de un euro digital. Este ambicioso plan tiene como objetivo reforzar la soberanía de pagos en Europa, un aspecto crucial en un contexto de tensiones comerciales y cambios geopolíticos.
El euro digital será una moneda digital de un banco central, emitida directamente por el Banco Central Europeo (BCE). A diferencia de criptomonedas como Bitcoin, su valor será estable y estará en circulación legalmente, ofreciendo una alternativa viable a las monedas digitales privadas, como las 'stablecoins'. La implementación del euro digital está planificada para dos fases: se espera que el BCE elija a los proveedores de servicios de pago en 2026 y, tras un periodo de prueba de un año, el euro digital podría lanzarse oficialmente hacia 2029, siempre que reciba la aprobación política necesaria.
Sin embargo, el avance de este proyecto ha encontrado obstáculos en el parlamento europeo, que aún no ha adoptado su posición sobre el marco regulatorio del euro digital presentado en junio de 2023. La propuesta ha sido objeto de múltiples bloqueos, especialmente por parte de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON), que ha rechazado enmiendas fundamentales para una funcionalidad completa tanto en línea como fuera de línea.
A pesar de la reticencia, el sector privado europeo ya está tomando medidas. Wero, una iniciativa de pagos paneuropea respaldada por los principales bancos, está en funcionamiento en países como Francia, Alemania y Bélgica. Este nuevo sistema busca ofrecer una alternativa a las soluciones de pago dominadas por las empresas estadounidenses y fomentar la competencia entre los bancos y comercios europeos.
Judith Arnal, investigadora en CEPS y el Real Instituto Elcano, ha expresado su preocupación por el enfoque de Bruselas respecto al ecosistema de pagos. Ella señala que hay una confusión entre los diferentes niveles del sistema de pagos. Mientras que Visa y Mastercard son esenciales en la infraestructura de pagos, otros jugadores, como Apple Pay y Google Pay, no representan una amenaza directa a la soberanía de pagos de la UE. Mezclar estas cuestiones puede llevar a soluciones ineficaces.
El director de estrategia de la Iniciativa de Pagos Europea, Ludovic Francesconi, también ha comentado sobre las perspectivas del euro digital. Ha enfatizado que la cooperación entre iniciativas públicas y privadas será clave para el éxito de una solución de pagos adecuada para Europa. Esta visión se destaca aún más dado que el impulso político detrás del euro digital ha acelerado iniciativas privadas que podrían ser importantes para el futuro de la economía europea.
Sin embargo, existe una advertencia sobre la necesidad de garantizar que cualquier nueva alternativa sea más atractiva para los comerciantes que las soluciones actuales basadas en tarjetas. La experiencia del consumidor debe ser fluida y comparable a la opción de 'checkout' de un solo clic, mientras que la seguridad en los pagos debe estar garantizada para evitar fraudes.
En conclusión, aunque el euro digital representa una oportunidad importante para la soberanía de pagos en Europa, no es una solución mágica. Su éxito dependerá de la resolución de bloqueos legislativos, de su diseño y, sobre todo, de su capacidad para integrarse de manera efectiva en un ecosistema de pagos que incluya tanto soluciones públicas como privadas.