Un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad Rutgers-New Brunswick ha cuestionado la teoría de la 'fertilización con hierro' en la Antártida. Según la investigación, el agua de deshielo de los glaciares solo aporta alrededor del 10% del hierro que alimenta a las algas, las cuales son capaces de absorber dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera.
Durante años, se pensó que el deshielo de los glaciares podía contribuir de manera significativa a la reducción del CO2, pero los resultados de este estudio han demostrado que este beneficio es mucho menor de lo que se creía. Los científicos han descubierto que la mayoría del hierro que se encuentra en el océano proviene de otras fuentes, como el agua profunda que entra desde el océano y los sedimentos del lecho marino.
La situación es preocupante ya que el deshielo de los glaciares de la Antártida tiene un impacto global significativo. Uno de los glaciares más estudiados, el glaciar Thwaites, conocido como el 'glaciar del Juicio Final', es responsable del 4% del aumento del nivel del mar a nivel mundial. Si este glaciar colapsara por completo, el nivel del mar podría incrementarse hasta 65 centímetros, dejando a millones de personas en riesgo de inundaciones.
La 'fertilización con hierro' se basa en la idea de que al liberar hierro al océano, se pueden provocar florecimientos de algas que absorben CO2. Sin embargo, muchos expertos advierten que esta práctica podría crear 'zonas muertas', áreas donde el oxígeno es escaso y la vida marina se ve afectada.
El equipo de investigación, liderado por el profesor Rob Sherrell, exploró la plataforma de hielo Dotson en el mar de Amundsen. Allí, analizaron el agua de deshielo y su contenido de hierro comparando ejemplos de agua antes y después de la mezcla con el deshielo. Al concluir su estudio, encontraron que solo el 10% del hierro disuelto que salía de la cavidad debajo de la plataforma de hielo provenía del agua de deshielo.
Este hallazgo indica que las algas no reciben tanto hierro del deshielo como se pensaba anteriormente. En cambio, el 62% del hierro proviene de aguas profundas, mientras que el 28% es aportado por los sedimentos de la plataforma. Sherrell explica que los resultados sugieren que el agua de deshielo en sí transporta muy poco hierro, y que una fuente potencialmente mayor de hierro podría ser la disolución de la roca madre en las capas líquidas bajo el hielo.
Los investigadores concluyen que se necesitan más estudios para entender mejor el papel del hierro en el ecosistema antártico y su respuesta a los cambios climáticos. La esperanza de que el deshielo de los glaciares pueda ofrecer un 'lado positivo' en la lucha contra el cambio climático se ve, por lo tanto, seriamente cuestionada. A medida que el planeta se calienta, es evidente que la situación requiere atención urgente y un nuevo enfoque para abordar el impacto del cambio climático en las glaciares y sus ecosistemas.