Recientemente, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha aprobado una resolución que pide la prohibición de las terapias de conversión en 46 países. Estas prácticas, que tratan de cambiar la orientación sexual o la identidad de género de una persona, están consideradas dañinas y sin fundamento científico.
Según un informe de ILGA Europe, casi el 25% de los ciudadanos de la Unión Europea ha sufrido algún tipo de terapia de conversión. En este informe, los griegos son los que más expuestos se sienten, con un 38%, mientras que franceses, italianos y holandeses reportan un 18%, siendo los menos afectados.
Las terapias de conversión pueden incluir muchas formas de abuso, como intervenciones familiares, rituales religiosos, tratamientos psiquiátricos, y en algunos casos, violencia física y verbal. En particular, las personas trans, no binarias e intersexuales son las que más han sufrido estas prácticas.
Un estudio de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (FRA) indica que muchas personas que han pasado por estas terapias evitan ciertos lugares por miedo a ser agredidas por su orientación sexual. El informe también menciona que problemas financieros influyen en algunas personas para aceptar estas terapias bajo presión o amenazas.
Por ejemplo, más de una cuarta parte de los hombres trans que tuvieron dificultades económicas mencionaron que aceptaron las prácticas de conversión por coacción. Por otro lado, el 22% de las mujeres trans de entre 40 y 54 años ha dado su consentimiento, aunque en algunos casos fue de manera libre.
El impacto de estas prácticas no solo afecta a las personas directamente, sino que también induce a la Unión Europea a perder alrededor de 89 millones de euros anuales en su producción económica, debido a la discriminación y la falta de productividad.
La nueva resolución del Consejo de Europa plantea que las legislaciones nacionales deben definir y castigar las terapias de conversión, creando además mecanismos para ayudar a las víctimas. Esto incluye el fomento de la visibilidad y la investigación sobre el impacto de estas prácticas.
Helena Dalli, ex comisaria europea de igualdad, afirmó en el debate que “estas prácticas se basan en una mentira, la idea de que la diversidad es un defecto”. A pesar de que la resolución no es legalmente vinculante, puede presionar a los 46 países que forman parte del Consejo de Europa para que actúen.
Frente a esta situación, la Unión Europea también trabaja en estrategias contra la discriminación. Actualmente, la mitad de los países de la UE cuentan con un plan para alcanzar la igualdad en temas LGTBQ+, y al menos ocho de ellos han prohibido explícitamente las terapias de conversión.