En São Paulo, se reportan alrededor de 7,000 desapariciones al año, especialmente en los barrios periféricos. El 30 de agosto se recuerda a las víctimas de desapariciones forzadas. Ese día, muchos familiares se reúnen en la Catedral de la Sé para conmemorar a sus seres queridos desaparecidos. Esta realidad afecta a miles de familias, que, al buscar respuestas, enfrentan un sistema complicado y muchas veces indiferente.
Wesley Ramos, un joven de 23 años, salió un día de octubre de 2024 para reunirse con su familia y amigos, pero nunca volvió. Vivía con su hermano cerca de su tía, Elisangela, quien lo describe como un chico inteligente y siempre dispuesto a ayudar. Un año después de su desaparición, la familia sigue sin respuestas.
Según un informe, las denuncias de desaparecidos en São Paulo entre 2015 y 2025 se concentran en las zonas periféricas. Esto significa que muchos de estos casos no logran atención adecuada, ya que algunos desaparecidos no son reportados oficialmente y a menudo son víctimas de violencia.
Uno de los casos destacados es el de Tiago, de 22 años, quien desapareció en septiembre de 2023. Aparecida, su madre, al volver de trabajar, notó que su hijo no estaba en casa. La última vez que se vieron fue cuando Tiago pidió dinero para una bebida. Aparecida fue a la policía para denunciar su desaparición, pero se sintió frustrada con la respuesta de las autoridades. Decidió buscarlo por su propia cuenta, lo que le generó mucho estrés y ansiedad.
El grupo “Madres de la Sé” fue fundado por Ivanise, quien ha buscado a su hija Fabiana, desaparecida desde 1995. Ivanise ha trabajado incansablemente por 30 años, conectando a otras madres que también han perdido a sus hijos. Juntas, buscan visibilizar sus casos y exigir respuestas de las autoridades.
La situación de las desapariciones en Brasil es alarmante. Un estudio reciente muestra que el 62.8% de los desaparecidos son hombres y muchos de ellos provienen de barrios pobres. Además, el número de denuncias ha aumentado, lo que refleja una problemática social profunda que afecta principalmente a personas de comunidades marginadas.
La justicia en estos casos es escasa. Las autoridades reconocen que hay una falta de organización en los registros de denuncias, lo que dificulta la búsqueda y recuperación de desaparecidos. Aunque existen leyes y programas para ayudar a estas familias, la implementación es deficiente.
Las historias de Wesley y Tiago nos recuerdan que detrás de cada cifra hay una familia que sufre. La lucha por encontrar a los desaparecidos es una tarea que se enfrenta a muchos obstáculos. Sin embargo, iniciativas como las de “Madres de la Sé” ofrecen apoyo y esperanza a aquellos que se encuentran en la misma difícil situación.