Perder cosas como las llaves o el móvil es algo que le sucede a muchas personas y no siempre se debe a una mala memoria. De hecho, algunos expertos sugieren que se trata más de un fallo en la conexión entre la memoria y la atención. Durante el invierno, cuando llevamos bufandas, guantes y otras prendas, es común olvidar dónde dejamos los objetos que usamos a diario. El reconocido profesor Mark McDaniel, que ha estudiado la memoria durante casi 50 años, también ha perdido cosas en varias ocasiones. Recientemente, olvidó un sombrero en un restaurante, a pesar de su experiencia.
El profesor Daniel L. Schacter de Harvard afirma que todos somos propensos a perder cosas, especialmente en momentos de distracción. Según él, la memoria involucra tres procesos: codificación, almacenamiento y recuperación. Si estamos distraídos, es posible que no codifiquemos correctamente la información, lo que puede resultar en olvidar donde dejamos algo.
Para evitar que esto ocurra, es importante practicar ciertas estrategias. Por ejemplo, para objetos que usamos frecuentemente como el teléfono o las llaves, se sugiere establecer una rutina. Esto significa siempre dejar tus cosas en el mismo lugar. Schacter, por ejemplo, siempre guarda sus gafas de lectura en un lugar específico en la cocina. Esta rutina ayuda a crear un hábito y eventualmente se vuelve automático.
En el caso de objetos que no usamos con regularidad, como un sombrero, McDaniel aconseja verbalizar el momento en que dejamos el objeto. Decir en voz alta donde lo colocas ayuda a fijar esta acción en la memoria. Este proceso se conoce como “elaboración” y puede ayudar a hacer conexiones que faciliten recordar futuras ubicaciones de esos objetos.
Desde una perspectiva más avanzada, algunos competidores en campeonatos de memoria utilizan una técnica llamada “palacio de la memoria”. Esta técnica implica visualizar un lugar familiar y asociar los elementos a recordar con eso. Por ejemplo, si dejas un sombrero bajo una silla para evitar mancharlo, podrías imaginarte ese sombrero en un lugar específico de tu casa y asociarlo con una razón. Así, aunque olvides recogerlo al salir, seguramente recordarás dónde lo dejaste.
Sin embargo, si observas que la frecuencia de pérdidas aumenta considerablemente y se acompaña de problemas en la memoria que interfieren con tus actividades diarias, sería recomendable consultar a un médico. Esto podría indicar un problema subyacente que necesita atención.
Recuerda que ser consciente de cómo codificas y recuperas información puede ser clave para no perder tus objetos personales. Así que la próxima vez que te preguntes “¿dónde están mis llaves?”, aplica algunas de estas estrategias y verás cómo es más fácil recordar dónde las dejaste.