El reciente apagón en Cuba ha dejado sin electricidad a aproximadamente 11 millones de habitantes, evidenciando el deterioro crítico de la infraestructura eléctrica de la isla. Este episodio ha coincidido con el agravamiento de las crisis energética y económica que afectan al país, y ha sido objeto de atención nacional e internacional.
El Ministerio de Energía y Minas de Cuba comunicó sobre una "desconexión total" del sistema eléctrico, y actualmente investiga las causas de este colapso. Lázaro Guerra, director de electricidad del ministerio, señaló que los equipos están trabajando para reiniciar varias centrales termoeléctricas, que son vitales para restablecer el suministro eléctrico. "El restablecimiento debe realizarse de manera gradual para evitar problemas adicionales", comentó.
Con la llegada de la noche, muchos residentes comenzaron a encender velas, mientras que los sonidos de niños jugando se entremezclaban con la oscuridad en La Habana. Ante la falta de electricidad, una madre de familia, Yuneici Cecilia Riviaux, indicó que no disponía de ventiladores recargables o generadores, y preparaba el lugar para que sus hijas pudieran dormir con un mínimo de comodidad.
Este apagón representa el tercer gran corte de luz en cuatro meses. Muchos ciudadanos, como Tomás David Velázquez Felipe, expresan su frustración y consideración sobre la posible emigración: "Lo poco que tenemos se echa a perder. Nuestra población es demasiado mayor para seguir sufriendo".
Un pequeño porcentaje de los habitantes de La Habana recibió electricidad en forma parcial, con unas 42,000 conexiones restablecidas, lo que incluye a varios hospitales que aún requieren un suministro eléctrico constante. Las autoridades notificaron que el sector de las comunicaciones sería prioritario para el restablecimiento del servicio, aunque advirtieron que los circuitos reestablecidos podrían sufrir nuevas interrupciones.
La red eléctrica cubana ha ido deteriorándose a lo largo de los últimos años, lo que ha generado un aumento en la frecuencia de apagones en toda la isla. El Gobierno cubano culpa a las sanciones estadounidenses, que han afectado la importación de insumos necesarios para mantener la infraestructura operativa. El ex presidente Donald Trump cumplió con su advertencia de imponer aranceles a cualquier país que suministrara petróleo a Cuba, lo que ha complicado aún más la situación.
El contexto político también se complica por las recientes declaraciones de Trump, quien ha manifestado que sería "un honor" tomar Cuba, refiriéndose a posibles cambios en el liderazgo actual. La administración Trump exige cambios políticos y económicos en Cuba como condición para el levantamiento de sanciones, lo que añade un grado de incertidumbre sobre el futuro de la isla y sus ciudadanos.
En una reciente intervención, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel afirmó que la isla no había recibido envíos de petróleo en un lapso de tres meses, forzando al Gobierno a operar con recursos de energía solar, gas natural y las central termoeléctrica aún en funcionamiento. Tal situación ha llevado a la cancelación de cirugías programadas para decenas de miles de personas, exacerbando la desesperación de los ciudadanos.
Frustraciones similares fueron expresadas por Yaimisel Sánchez Peña, quien lamentó el desperdicio de productos alimentarios que adquiere con el dinero enviado por su hijo desde Estados Unidos. El constante corte de luz afecta sus posibilidades de mantener los alimentos en buen estado. Al mismo tiempo, Mercedes Velázquez, de 71 años, reflexionó sobre las penurias diarias: "Estamos aquí esperando a ver qué pasa... todo se echa a perder".
La situación en Cuba continúa siendo crítica, con un sistema eléctrico altamente ineficiente y la incertidumbre respecto a las proyecciones políticas y económicas, dejando a su población sumida en un estado de vulnerabilidad y desasosiego.