Sudáfrica ha sido escenario de recurrentes y alarmantes episodios de violencia xenofóbica que han marcado su historia reciente. Desde los disturbios de 2008 hasta las actuaciones contemporáneas de grupos como Operación Dudula, miles de inmigrantes han sido víctimas de agresiones, desplazamientos y la destrucción de sus negocios. Este fenómeno no surge de la nada; es el resultado de una compleja interacción de factores sociales, políticos y económicos.
Desde la abolición del apartheid en 1994, Sudáfrica se convirtió en un destino atractivo para inmigrantes que buscaban oportunidades laborales y estabilidad. Sin embargo, el país también ha enfrentado un aumento alarmante del desempleo y la desigualdad. Mientras las estructuras de poder han cambiado, la distribución de la riqueza permanece profundamente arraigada en una minoría blanca que controla un porcentaje desproporcionado de la riqueza nacional. Un informe del Banco Mundial de 2021 evidenció que el 10% más rico de la población acumula el 85% de la riqueza del país. Esta disparidad socioeconómica ha alimentado el resentimiento hacia los inmigrantes, quienes a menudo son culpabilizados de las penurias económicas que atraviesan los sudafricanos.
El primer brote significativo de violencia xenofóbica se produjo en mayo de 2008. En el municipio de Alexandra, cerca de Johannesburgo, la violencia estalló, resultando en la muerte de al menos 62 personas, cientos de heridos y cerca de 100,000 desplazados. Las víctimas eran en su mayoría migrantes provenientes de Zimbabue, Mozambique, Malawi y Somalia. La reacción del entonces presidente Thabo Mbeki fue condenar la violencia, señalando que nadie podía justificar actos criminales bajo el pretexto de xenofobia. Sin embargo, su respuesta fue criticada por minimizar la profundidad de este sentimiento e inscribirlo estratégicamente en el marco del crímen común.
La violencia no se limitó a 2008. En 2015, una nueva oleada de ataques tuvo lugar en Durban y Johannesburgo, donde innumerables tiendas de propiedad extranjera fueron arrasadas. Human Rights Watch reportó que al menos siete personas fueron asesinadas durante estos episodios, y se mencionó que varios países africanos organizaron evacuaciones para sus ciudadanos que deseaban salir del país. Zimbabue, por ejemplo, envió autobuses a recoger a sus nacionales.
Un nuevo capítulo en esta problemática se escribió en septiembre de 2019, cuando los ataques xenófobos resurgieron en Johannesburgo y Pretoria, arrebatando la vida a al menos 12 personas y provocando la destrucción de numerosos negocios. En este contexto, el gobierno nigeriano evacuó a más de 500 de sus ciudadanos, lo que puso de manifiesto la magnitud del problema. A pesar de las condenas del presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, muchos señaló que su administración seguía en el terreno de la negación, insistiendo en que los disturbios eran actos de delincuencia aislados y no manifestaciones de xenofobia sistematizada.
En 2021, un grupo antiinmigrantes, Operación Dudula, emergió en Soweto, organizando marchas en contra de los inmigrantes no documentados y acusándolos de ser los responsables del aumento de la criminalidad y de la saturación de los servicios públicos. La figura de Zandile Dabula, líder del movimiento, representó un reflejo de cómo la ansiedad económica ha llevado a algunos a vincular de manera errónea la inmigración con la delincuencia. Esta organización ha evolucionado desde su formación inicial hasta transformarse en un partido político formal, incrementando su caudal electoral desde 2024.
Entre 2024 y 2026, la tensión en torno a la inmigración se ha intensificado, en medio de una crisis económica que ha alcanzado niveles alarmantes, donde la tasa de desempleo oficial se aproximó al 32% en el último trimestre de 2025. La ministra de Exteriores de Nigeria, Bianca Odumegwu-Ojukwu, enfatizó la necesidad de garantizar la seguridad de los nigerianos en Sudáfrica, mientras que el portavoz presidencial sudafricano, Vincent Magwenya, minimizaba las acusaciones de xenofobia, argumentando que se trataban de “focos de protesta” que estaban permitidos bajo el marco constitucional del país.
A través de esta narrativa, se hace evidente que los inmigrantes en Sudáfrica, a menudo de origen africano, se convierten en chivos expiatorios de una serie de problemas más profundos, tales como la corrupción, las desigualdades estructurales y el estancamiento económico. A medida que las tensiones persisten, es apremiante buscar soluciones integrales que aborden tanto las causas profundas de la violencia como el tratamiento de los migrantes en el país.
Discussion questions
- ¿Cuáles crees que son las principales causas de la violencia xenofóbica en Sudáfrica y cómo podrían abordarse de manera efectiva?
- ¿Cómo influye la historia del apartheid y la desigualdad económica en la percepción de los inmigrantes en Sudáfrica?
- ¿Qué papel deberían jugar los gobiernos africanos en la protección de sus ciudadanos en el extranjero, especialmente en contextos de violencia xenofóbica?
- ¿Cómo se podría fomentar una mayor comprensión y solidaridad entre la población local y los inmigrantes para contrarrestar el resentimiento existente?
- ¿Qué estrategias podrían implementarse tanto a nivel local como internacional para transformar la narrativa sobre la inmigración y reducir la violencia asociada?