José Manuel Durão Barroso, expresidente de la Comisión Europea, ha manifestado que el Consejo Europeo debería considerar la posibilidad de llevar a cabo reuniones sin la participación de Hungría cuando se discutan temas sensibles. Esta declaración surge en un contexto de desconfianza creciente hacia el gobierno húngaro, especialmente en relación a las recientes acusaciones de filtraciones a Rusia.
Barroso argumenta que, si Hungría no proporciona una aclaración satisfactoria sobre las inquietantes acusaciones, sería apropiado que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, excluyera al país de negociaciones sobre asuntos que requieren una discusión delicada. Estos comentarios fueron realizados en una entrevista con el programa 'Europe Today', donde el exmandatario destacó la importancia de enviar un mensaje de soberanía colectiva entre los otros 26 Estados miembros de la Unión Europea (UE).
Según los informes, el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, ha sido vinculado a comunicaciones regulares con el ministro ruso, Serguéi Lavrov, lo que ha suscitado preocupaciones sobre la lealtad de Hungría hacia la UE y su compromiso con las restricciones impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania.
Las declaraciones de Barroso resaltan la gravedad de la situación, señalando que la Comisión Europea considera las acusaciones como "muy preocupantes" y que representan un desafío claro a los principios de cooperación dentro del bloque. En este sentido, Barroso menciona que los mecanismos legales previstos en los tratados podrían ser activados si se confirma una violación del artículo 4 del Tratado de Lisboa, que requiere actuar de buena fe y evitar acciones perjudiciales para los intereses generales de la UE.
Barroso fue enfático al calificar las respuestas del gobierno húngaro como insuficientes y declaró que, en función de la gravedad de las filtraciones, sería preferible que los Estados miembros continuaran sus trabajos sin la participación de Hungría, si no se esclarece su rol en este asunto. "La decencia exige que los Estados miembros actúen de manera ética y en sintonía con los valores de la UE", expresó el expresidente.
La incredulidad ante la situación ha sido palpable entre los diplomáticos europeos, quienes, aunque sorprendidos por la magnitud del escándalo, no lo consideran inesperado dada la naturaleza de las relaciones políticas y empresariales que Hungría mantiene con Rusia. La responsable de Relaciones Exteriores de la UE, Kaja Kallas, ha exigido una explicación eficaz, mientras que el primer ministro polaco, Donald Tusk, lo ha calificado como una "vergüenza" para el bloque europeo.
La reacción de Hungría, por su parte, ha sido de desmentir cualquier tipo de conversación durante las reuniones oficiales de la UE. La postura del gobierno húngaro ha consistido en defender su derecho a dialogar con otros países, como lo hace con Estados Unidos, y ha argumentado que ello no afecta a su compromiso con las normas comunitarias. Sin embargo, la comparación de Szijjártó entre las relaciones con Washington y Moscú ha generado un debate sobre la lealtad y la confianza que deben prevalecer entre los Estados miembros.
En resumen, la situación actual reitera la necesidad de que los líderes europeos aborden estos temas con la seriedad que requieren. Barroso concluyó que la política de la presión puede ser más eficaz que las vías legales, sugiriendo que si se demuestra a Hungría que sus acciones tienen consecuencias, podría fomentar un cambio de conducta alineado con los valores de la UE.